Fui inmigrante y me recibiste. En nuestros hermanos venezolanos está Jesús

Publicado por: Felipe Torres En: lunes, noviembre 26, 2018 Comentario: 0 Golpear: 35

Les confieso que esta es una de las fórmulas que creo, Jesús usaría hoy, al ver la situación del mundo. La migración es un fenómeno que se esparce por todo el planeta tierra.

 Hay quienes intentando migrar, pierden la vida en el Mediterráneo, o quienes en búsqueda de mejorar sus condiciones llegan a países donde son maltratados, donde son excluidos y esclavizados. Estoy seguro que Jesús nos diría a todos quienes le seguimos, a quienes nos consideramos cristianos así: “fui inmigrante y me recibiste”.

Este es un tema que cuestiona mucho al cristianismo de nuestro tiempo. Sé que hay muchos proyectos que desde la iglesia, están intentando contrarrestar el tema de la migración y el recibimiento de los inmigrantes que salen de sus casas sufriendo, y que llegan a otros países, quizás a sufrir más. Proyectos como el Radiominutón y el Banquete del Millón organizados por el Minuto de Dios. Sin embargo, creo que no puede ser un tema que se limite exclusivamente a algunas instituciones. Creo que ningún cristiano debe ser indiferente ante la miseria de aquellos que sufren lejos de sus tierras, exiliados por la injusticia y la iniquidad de unos cuantos políticos que creen hacerlo todo bien, mientras el pueblo sufre.

Muchos dirán: “pero es que no es mi responsabilidad”, otros quizás acudimos a la excusa que “no tenemos mucho que ofrecer”. Me pregunto qué le diríamos a Jesús si nos preguntará qué hemos hecho con nuestros hermanos que nos han necesitado, a mí me daría pena, porque hago muy poco, menos de lo que debería, sin embargo entiendo que se trata de un esfuerzo profundamente humano, se trata de acoger en la propia vida la compasión como un principio de acción y no solo como un mero discurso de esos que no le dicen nada a nadie si no se respalda con las obras.

Basta escuchar por la calle a la gente hablando del problema de la migración en nuestro país de los hermanos venezolanos, para evidenciar que nos falta mucho de Jesús. Que nos falta mucho aprender a ser el hospital de campaña que Francisco nos pide ser, que estamos muy lejos de aprender a reconocer que las fronteras no son más que pretextos políticos para diferenciar lo que no tiene diferencia, es decir, la humanidad que es igual para todos. No se puede ser cristiano y odiar, no se puede ser cristiano y excluir, no se puede ser cristiano y marginar. Jesús nos pide que seamos capaces de movernos de nuestras estructuras para acoger a aquellos que llegan sin mucho sentido a construir una vida desde cero, y lo que es peor, con nada.

Hoy podemos sentir la voz de Jesús que dice “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me hospedaste, estuve en la cárcel y me visitaste” y a nuestra pregunta por el cuándo lo vimos e hicimos eso con él, nos dirá: “cada vez que lo hiciste con uno de estos, los venezolanos, conmigo lo hiciste”.

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